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El último día de Escuela en Ibadan

El viernes, último día de Escuela en Ibadan para mí, Abu quiso hacerme el último regalo de este año: fue la primera vez que le vi levantarse del suelo y ponerse de pie por sí mismo, mientras jugaba con él con la pelota grande después de la sesión de Fisioterapia. Es otro motivo para pensar que l@s niñ@s están ahora en buenas manos: las de los educadores y las de Tosin.

Hablando de manos, no tengo más remedio que hablar de las de su padre. Por la mañana, Abu también me dio el último disgusto de este año en Nigeria: tenía una brecha de las gordas en la cabeza, bien profunda. Como no le había visto en toda la semana, supuse que vino con ella el lunes, después del fin de semana en casa. Más tarde pude confirmar que fue así, pero también me enteré del motivo: su padre le había dado tal bofetada que Abu, que supongo que estaría sentado, cayó hacia atrás y se dio un golpe contra la puerta. La brecha es lo suficientemente grande como para haberle dado unos puntos, pero su padre dijo que no le quiso llevar al hospital porque la herida se cerrará sola. Confío en que Abu, que es un superviviente, sabrá salir adelante, pese a todo.

La brecha en la cabeza de Abu

La brecha en la cabeza de Abu

Por lo demás, el último día de Escuela me dejó muy buen sabor de boca, gracias a l@s niñ@s y también a un bizcocho que compartimos con ell@s después de la comida.

Con Matthew y Kudirat, en la Sala de Fisioterapia

Con Matthew y Kudirat, en la Sala de Fisioterapia

Os agradezco de todo corazón a tod@s l@s amig@s que, de un modo u otro, me habéis mostrado vuestra cercanía durante este año. Vuestra compañía ha sido muy grata en los buenos momentos y también muy necesaria en los tiempos difíciles.

Desde el aeropuerto de Lagos, ¡hasta muy pronto!

Los Reyes Magos pasaron por Aranda antes de venir a Ibadan

Ya sabía que despedirme de Kemi no iba a resultar fácil. Ella tenía puestas muchas esperanzas en la terapia que ha seguido conmigo durante estos meses. Gracias, sobre todo, al empeño que ponía día a día en los ejercicios,  su estado ha mejorado, aunque no espectacularmente. Pero cada logro que conseguía significaba para ella echar abajo un muro que nunca se creyó capaz de derribar. El sábado pasado la anuncié mi breve viaje a Nnebukwu (donde estoy ahora), para volver a Ibadan el jueves y despedirme de ella, porque regresaré a España el próximo fin de semana. No la había contado nada sobre el final de mi trabajo en Ibadan, y la llevó un poco de tiempo entender la situación. Finalmente se lamentó, entre sollozos “¿Y quién va a cuidar de mí ahora?”. A pesar de todo, fue una reacción inesperada y, sinceramente, no sabía qué responderla. Lo que la dije fue:  “Dios cuidará de tí, igual que lo ha venido haciendo hasta ahora”. Estoy seguro de que así será, aunque tengo que confesaros que no sé si esa respuesta se la di porque era lo único que podía decirla o porque realmente lo siento así. En cualquier caso sé que ella  lo siente así, y eso es lo realmente importante. Es vital que la puerta de la esperanza siga abierta. Y, para Kemi, sigue estándolo.

También lo está  para l@s niñ@s de nuestra Escuela, con l@s que he compartido este año. Ell@s me han aportado momentos indescriptibles, y yo les he aportado lo que he podido y sabido. Creo que algo que se ha hecho muy bien en este proyecto de Fisioterapia para la Escuela Especial de Ibadan ha sido que no me he hecho imprescindible para el funcionamiento del servicio. He apoyado en lo que he podido, pero ahora serán los educadores y Tosin, nuestro fisioterapeuta, los encargados de continuar el trabajo que se ha iniciado. Por supuesto que ell@s no estarán sol@s, sino que contarán con la ayuda imprescindible del hermano Franco y del resto de la comunidad de Ibadan, y también de toda la gente que les apoyaremos  desde España.

Tosin trabajando con Abu, la semana pasada

Tosin trabajando con Abu, la semana pasada

Por cierto, este año los Reyes Magos han pasado por España antes de venir a Ibadan. Han querido regalar zapatos nuevos a nuestr@s chic@s y han recogido la mercancía en Aranda de Duero. Nos han dejado los zapatos en la Escuela y hace unos días hemos estado probándoselos a cada un@ para ver cuál es el más adecuado para cada cual, de modo que cada niñ@ tendrá como regalo de Reyes unos zapatos… “Made in Spain”.

Ali, probando los zapatos a l@s niñ@s

Ali, probando los zapatos a l@s niñ@s

La Granja-Escuela Especial de Moniya

A unos 12 kilómetros de Ibadan se sitúa el paraje de Moniya. La Casa de la Providencia adquirió allí unos terrenos que actualmente se dedican al cultivo de casava, maíz, ñame, aceite de palma y plátanos. Desde noviembre de 2009 comenzó la actividad de la Granja-Escuela, donde además se crían aves de corral, ovejas y cerdos.

De la Granja-Escuela de Moniya proviene el garri, el maíz y los plátanos que consumimos en la Casa de la Providencia de Ibadan. También toda la carne que comemos: pollo y cerdo, fundamentalmente.

Cargando leña y un cerdo, con destino a la Casa de la Providencia de Ibadan

Cargando leña y un cerdo, con destino a la Casa de la Providencia de Ibadan

La peculiaridad de esta Granja-Escuela es que el trabajo lo desarrollan chicos con discapacidad intelectual, con la ayuda de dos trabajadores contratados y dos miembros de la comunidad religiosa de Ibadan. Los déficits intelectuales y de comportamiento de estos chicos no les permiten desarrollar una actividad de tipo escolar, pero sus habilidades prácticas hacen posible su participación en otras actividades productivas. Su programa de rehabilitación está basado en las actividades agropecuarias.

De izquierda a derecha, Washeeb, Noa, Joshua y Affiche, cuatro de los chicos de la Granja-Escuela de Moniya

De izquierda a derecha, Washeeb, Noa, Joshua y Affiche, cuatro de los chicos de la Granja-Escuela de Moniya

Inicialmente el grupo de chicos vivía en la Granja de lunes a viernes,  y durante los fines de semana regresaban a casa con sus familias. Actualmente, el grupo está formado por 11 chicos de más de 15 años, y está proyectado su establecimiento en la Granja durante periodos largos (5 semanas consecutivas en Moniya y 1 de descanso en sus casas). Esto permitiría ampliar las actividades productivas de la Granja-Escuela. Así, está previsto el comienzo de la producción de aceite de palma, aprovechando que se cultiva la materia prima en el terreno de la Granja. El procesamiento del aceite de palma es un proceso complicado y laborioso, al igual que la producción de garri (que ya describí en el artículo “El garri, base de la gastronomía nigeriana” ,  y que también se elabora en la Granja-Escuela de Moniya ).

La cocina de nuestra Granja-Escuela Especial

La cocina de nuestra Granja-Escuela Especial

Además, la presencia estable de los chicos en la Granja permitiría una formación más continuada y especializada de algunos de ellos en las tareas agroganaderas que allí se realizan. Aprender un oficio supondría para ellos un gran avance en su autonomía.

Alguna vez os he hablado de la NEPA (National Electricity Power Authority), que es en Nigeria lo que Endesa o Iberdrola pueden ser en España. Cuando tenemos suerte y la NEPA está “on”, en Ibadan disfrutamos de luz eléctrica. Esa suerte no la tienen en Moniya, donde toda la corriente eléctrica depende del generador. Para que un grupo de personas se establezca de forma semipermanente en la Granja es necesario contar con un generador de corriente que tenga suficiente potencia para poder suministrar la energía necesaria para el frigorífico, el congelador y para bombear el agua a las viviendas, fundamentalmente.

Ahí es donde entra el trabajo de Puentes ONGD, y el tuyo, si nos quieres ayudar. Nos hemos comprometido a entregar el dinero necesario para comprar el generador de corriente. Puentes ONGD dedica su campaña de Navidad de este año a esta Granja-Escuela Especial de Moniya. Si tú también quieres colaborar, puedes ingresar tu donativo en la cuenta bancaria de Puentes ONGD. Al ingresarlo, especifica “Campaña de Navidad”:

 Nº C/C: 0030 6018 17 0001051272 (Banco Santander).

Dolor y alegrías en la misma semana

A mi vuelta a la Escuela Especial de Ibadan me he encontrado con una muy mala noticia: el fallecimiento de Walillat, la semana pasada. Os había hablado de ella anteriormente en los artículos: “La cara y la cruz del incio del curso”, en “La vuelta de Sukura y Walillat” y en “Walillat“.  Ya conocía la noticia, e incluso puede que no me haya sorprendido mucho, por el estado en que se encontraba últimamente, pero la noticia de la muerte de una niña siempre conduce a la inevitable pregunta de “¿Por qué?”. No creo que se me olvide nunca su aspecto cuando, hace algunas semanas, entré a su casa para verla, una mañana que pasamos con la furgoneta por la puerta de su casa. Desde que iniciamos el curso en Septiembre creo que sólo ha venido un día, pero todas las mañanas parábamos en su casa para recoger a Mama Esther, la costurera de la Escuela. Walillat estaba dormida, tumbada en un camastro, sobre un trozo de plástico. La puse la mano sobre la pelvis y la cadera, y era posible sentir perfectamente todas las prominencias de los huesos.

Sin embargo, la vida tiene que seguir en la Escuela de la Casa de la Providencia. Esta semana también hemos vivido la alegría de la vuelta de Thankgod, uno de nuestros  niños “de siempre”, que llevaba sin venir desde la mitad del último trimestre del curso pasado. Su familia se ha ido a vivir a un sitio desde el que no es posible traerle y llevarle todos los días a la Escuela, por lo que Thankgod ahora se queda en la Residencia. Pensé que habíamos colgado el cartel de “No hay plazas”, pero me equivocaba. Aún había un sitio para Thankgod.

Kudirat

Kudirat

Tenemos otras dos nuevas incorporaciones para la Escuela: Kudirat y Emmanuel. Desde el primer momento la sonrisa de Kudirat ha inundado la Escuela. También la alegría de Emmanuel, que aunque es bastante travieso y a veces hay que recurrir a la reserva extra de paciencia con él, nos contagia su buen humor cuando, con motivo de cualquier cosa, se arranca a cantar el “Arise, oh compatriots” (el himno nacional de Nigeria) o el “Happy birthday to you…”.

Tosin, trabajando con Matthew

Tosin, trabajando con Matthew

Tosin, nuestro nuevo fisioterapeuta, se ha incorporado perfectamente a la dinámica de la Escuela. Ya es él quien se encarga de las sesiones de Fisioterapia con l@s niñ@s de la Escuela. Yo sólo me ocupo de Aisha, Rosemary y Kemi, las dos niñas y la mujer que atiendo fuera del horario de la Escuela. Tenemos otra novedad: la presencia del Brother Mathieu, un religioso guaneliano congolés que ha terminado los estudios de Fisioterapia este año. No se va a quedar en Ibadan, sino en Nnebukwu, pero estará con nosotros durante un par de semanas para conocer cómo trabajamos en Ibadan.

Br Mathieu oberva cómo trabaja Tosin con Matthew

Br Mathieu oberva cómo trabaja Tosin con Matthew

A principios de Noviembre, cuando me fui a Nnebukwu, había empezado la construcción del nuevo edificio del comedor para l@s niñ@s, pero la obra se reducía al allanamiento del terreno y poco más. Poco a poco el nuevo proyecto va tomado forma…

Las obras del nuevo comedor para l@s niñ@s de la Escuela Especial de la Casa de la Providencia, en Ibadan

Las obras del nuevo comedor para l@s niñ@s de la Escuela Especial de la Casa de la Providencia, en Ibadan

La dulzura en lo amargo

En poco más de dos semanas he vivido dos reencuentros y dos despedidas. Realmente, la primera despedida fue más bien un “hasta la vista”: a la gente de Ibadan cuando me fui a Nnebukwu. Al llegar a Nnebukwu pude vivir la alegría del primer reecuentro: con l@s chic@s del Centro, con los educadores, con los religiosos… ¡Incluso con Epi!, aquel compañero de viaje que vino desde Salamanca y que en Ibadan fue raptado por los educadores de Nnebukwu durante el curso de Agosto y Septiembre.

Mi reencuentro con Epi, en Nnebukwu

Mi reencuentro con Epi, en Nnebukwu

Durante estas dos semanas en Nnebukwu se puede decir que he hecho de todo… lo que se puede hacer en un Centro que está en mitad del bosque.

Ya sabéis, por la anterior entrada, que estuve ayudando en el procesamiento del garri. También he estado empujando carretillas cargadas de leña; he tenido sesiones de formación con los seminaristas y los educadores; he ayudado a Chioma en las sesiones de Fisioterapia; he aprendido cómo se hacen escobas africanas a partir de hojas de palma; he tenido inolvidables momentos de paz en la Capilla de la Virgen de la Providencia; me he peleado con unas lagartijas cuya casa era la habitación que he ocupado… incluso he tenido la suerte de poder asistir a la ceremonia de la “primera piedra” del nuevo Centro para Personas con Discapacidad Intelectual de Owerri (la capital de Imo State, donde está Nnebukwu).

2013-03-14 15.05.52

Bona, en el taller de confección de escobas

 

 

 

 

Chinagorum, durante la confección de escobas

Chinagorum, durante la confección de escobas

 

 

 

En resumidas cuentas, he tenido la oportunidad de poder compartir dos semanas con la gente de Nnebukwu. No quiero engañaros, Nnebukwu no es ningún paraíso. Hay muchísimo trabajo que hacer allí. Hay muchísimos pequeños detalles por los que preocuparse. En un Centro en el que vive y trabaja tanta gente nunca faltan los roces ni los problemas. Y sin embargo, basta  con poner un pie allí para darse cuenta de que un clima de convivencia especial reina en todo el recinto. Es el mismo clima, pese a todo el tiempo y las personas que han pasado por allí, que percibí cuando fui a Nnebukwu por primera vez hace 7 años. Creo que puedo decir, sin miedo a equivocarme, que el centro del Centro de Nnebukwu son las personas con discapacidad intelectual que allí viven. Y son ellas las responsables de que allí exista este especial microclima.

Si tuviera que quedarme con algo de todo lo que he sentido allí, me quedaría con un sentimiento del que no me di cuenta en su momento, pero que viéndolo ahora, desde la distancia, me resulta muy extraño: el dulzor de algo tan amargo como puede ser una despedida. Yo siempre he sido algo sensiblero para eso de las despedidas, y sin embargo no pude dejar de sonreir al despedirme de la gente de Nnebukwu, viendo también sus sonrisas.

Chioma, junto con Justina

Chioma, junto con Justina

Hoy, lunes, he vivido el segundo de los reencuentros: con l@s niñ@s de la Escuela de Ibadan: abrazos, sonrisas, palabras alegres (“bienvenido”, “¿qué tal el viaje?”, “¿qué nos has traído?”…). Un reencuentro muy dulce, que me explica por qué me dejó tan buen sabor de boca la despedida de la gente de Nnebukwu: no puede existir la alegría de un reencuentro sin haber vivido antes una despedida.

Tal vez eso haya sido lo que ha impulsado a Epi a quedarse en Nnebukwu. Me ha dedicado una sonrisa y he creído escuchar un “Ndewo” (adiós, en igbo)

El garri, base de la gastronomía nigeriana

Durante esta semana pasada nuestr@s niñ@s de la Escuela Especial de Ibadan han tenido una semana de “vacaciones”: el descanso de la mitad del trimestre. Como otras veces, he tenido alguna sesión de formación con los educadores de Ibadan, pero desde el miércoles estoy en Nnebukwu.

En el “Don Guanella Center” de Nnebukwu,la mayor parte de  l@s niñ@s también están en su semana de descanso, así que he aprovechado para tener sesiones de formación con los seminaristas de aquí, y también yo he recibido formación en otros menesteres, que me gustaría compartir con vosotros. Se trata de la confección del garri, que junto con el arroz es  la base de la comida de los nigerianos. He podido acompañar a los trabajadores en alguna de las fases del procesamiento del garri. Es un proceso bastante laborioso, que se realiza en el “Don Guanella Center”, de Nnebukwu y en la granja de Moniya, en Ibadan, de la que no os he hablado demasiado; ya tendré la oportunidad de hacerlo.

Uno de los más importantes objetivos de ambos centros es que nuestr@s chic@s desarrollen al máximo sus capacidades, y eso se consigue en muchos casos a través de actividades agropecuarias, de modo que son habitualmente nuestros chicos los que llevan a cabo  la mayor parte de las fases del proceso, supervisados por los trabajadores

La materia prima del garri es la casava, un tubérculo alargado parecido a nuestra patata, aunque de consistencia más dura.

Tubérculos de casava

Tubérculos de casava

Lo primero que hay que hacer, claro está, es cosechar la casava. De esa parte del proceso no os puedo contar nada, porque no estuve con los trabajadores durante la recolección.

Una vez cosechados llega la etapa del pelado y lavado de los tubérculos. ¡Hay que tener mucho cuidado con los cuchillos! Os aseguro que se desarrolla una destreza especial al pelar la casava. ¡Y la mayoría de nuestros chicos lo hacen mejor que yo!

Después de pelados y lavados, los tubérculos de casava se muelen. Supongo que antiguamente sería una tarea que se hacía a mano, pero hoy se hace con una máquina moledora.

Los igbo añaden algo de aceite rojo (de palma) después de haber molido la casava, pero los yoruba no lo hacen. Por eso en Nnebukwu, el garri  tiene una consistencia algo más untuosa y es más amarillento que en Ibadan. La pasta resultante se mete en sacos, que se prensan para eliminar el agua.

Chinwen, una de las trabajadoras, tostando el garri

Chinwen, una de las trabajadoras, tostando el garri

Tenemos ahora un polvo blanco-amarillento, que se tuesta en unas grandes sartenes. Después, antes de almacenarlo durante el tiempo necesario, hay que eliminar restos sólidos que no han sido bien molidos.

Ogadimma y Chidumebi, depurando el garri

Ogadimma y Chidumebi, depurando el garri

Ya está preparado el garri para cocinarlo. Habitualmente se le añade un poco de agua y se cuece, hasta obtener una pasta semisólida que se traga directamente después de haberlo mojado en la sopa: “egusi”, “ache”, “oha”… ¡Listo para comer!

Femi se dispone a dar cuenta de un buen plato de garri

Femi se dispone a dar cuenta de un buen plato de garri

El garri, en sí mismo, es totalmente insípido. Es la sopa en la que se moja la que le da sabor. Otras veces simplemente añaden un poco de agua y azúcar y lo comen directamente, a cucharadas.

Día de “relaciones institucionales” en el hospital de Ibadan

El día de Todos los Santos no es festivo en Nigeria, pero en nuestra Escuela Especial no hemos tenido  clase. Quería aprovechar la oportunidad para hacer “relaciones institucionales” con los fisioterapeutas del UCH (el hospital de Ibadan) y la verdad es que la visita ha resultado bastante instructiva.

Con Tosin, frente a la puerta del servicio de fisioterapia del UCH

Con Tosin, frente a la puerta del servicio de fisioterapia del UCH

El motivo principal era hablar sobre uno de los niños que han llegado recientemente a nuestra Escuela: Afolabi. En la anterior entrada os contaba que a los dos años sufrió una encefalitis producida por la malaria, motivo por el cual estuvo ingresado en el UCH. Además del daño neurológico asociado, sufrió las consecuencias de la infección de una vía venosa. Nuestro nuevo fisioterapeuta, Tosin, me ha contado que su caso aún no está resuelto por los tribunales, pero la realidad es que existe un litigio entre la familia y el hospital, motivo por el que Afolabi recibe gratuitamente una sesión semanal de fisioterapia en el hospital. El niño también recibe fisioterapia en nuestra Escuela y el hermano Franco, Tosin y yo creemos  que Afolabi  necesita  unas ortesis que le ayuden a apoyar los pies de forma que le sea posible mantener la postura de pie y, posiblemente, caminar autónomamente en un futuro. Afolabi es muy inteligente y la capacidad de caminar le daría la autonomía suficiente como para poder acudir a una escuela ordinaria. Yo he propuesto un tipo concreto de ortesis que se llama DAFO, que además de aportar  la estabilidad necesaria a las articulaciones, permiten la movilidad que tenga el pie del niño. Son unas ortesis muy utlizadas en Europa, pero aquí, en Nigeria, no hemos encontrado ningún técnico ortopédico que pueda proporcionárnoslas. Hemos pensado en la posibilidad de recurrir a Europa ….  En principio a Italia.

Todo ésto se lo he contado a la fisioterapeuta encargada de su tratamiento en el UCH. Conocía las DAFO y le ha parecido una idea estupenda. Pero, textualmente, me ha dicho:

–          Lo que pasa es que las DAFO son caras. No creo que la familia pueda permitírselas. ¿Quién va a pagarlas?

A lo que la he respondido:

–          No lo sé. Ya veremos. De momento vamos a intentar proporcionárselas. Yo no sé de dinero…

En una situación parecida a la de Afolabi está nuestro amigo Abu. Ha llegado un punto en que nos hemos planteado que sus problemas con el equilibrio y la marcha mejorarían sustancialmente si el apoyo que hace sobre los pies fuera decentemente bueno. Y lo que propongo para él son, también, unas DAFO.

Tosin y yo les hemos hecho las mediciones y hemos confeccionado unos moldes de yeso, que alguien llevará a Europa (no sé si a Italia o a España, o dónde) y, de alguna forma, intentaremos conseguir las ortesis para Afolabi y para Abu.

Después de la visita al servicio de Fisioterapia Tosin me ha estado enseñando el UCH por dentro, incluyendo un Centro Geriátrico que había llamado mi atención desde el primer momento en que lo vi.

¿Un Centro Geriátrico en Ibadan? ¡Ummm! ¿Serán como en España?

Como la curiosidad aporta, entre otras cosas, atrevimiento  (también es verdad que animado por Tosin), nos hemos presentado los dos al director del Centro Geriátrico y le hemos pedido si podría enseñarnos el Centro, “dado que yo soy un fisioterapeuta que trabaja en España en el campo de la Geriatría, y bla, bla, bla…”

El buen señor nos envió directamente al Servicio de Fisioterapia, donde nos han atendido muy amablemente los trabajadores… perfectamente trajead@s. No es que estuvieran así vestid@s para recibirnos, no. Es que trabajan así: los hombres con traje y corbata y las mujeres con vestido. No sé muy bien cómo se moverán, pero bueno…

Con el grupo de fisioterapeutas del Centro Geriátrico del UCH

Con el grupo de fisioterapeutas del Centro Geriátrico del UCH

Lo que nos han contado es que el Centro Geriátrico no es un centro residencial. Es sólo un dispositivo, que funciona desde el año pasado, donde los pacientes ancianos que van al hospital (por un proceso artrítico, un ICTUS, una fractura…) son admitidos, y pasan un par de días antes de ser ingresados en el hospital o volver a sus casas para recibir un tratamiento ambulatorio. Los pacientes tienen que pagar 750 nairas por cada sesión de fisioterapia en el Centro Geriátrico. Mientras la fisioterapeuta nigeriana me lo estaba contando yo pensaba en l@s ancian@s de nuestro barrio de Yemetu. ¿Quién de ell@s podría permitirse pagar 750 nairas durante el tiempo necesario para recuperarse de un ICTUS? O, ¿qué anciano con artrosis de rodillas podrá ir hasta el Centro Geriátrico, que está bastante apartado, para recibir tratamiento? La respuesta es clara: quien tenga dinero para poder pagar el transporte.

El Centro Geriátrico del UCH

El Centro Geriátrico del UCH

 

Nuevamente compruebo que las diferencias sociales son abismales en este país.